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Durante
el siglo XIX, la historia de la artillería abarca los
siguientes periodos:
1810
- 1880.
Período de emancipación y organización nacional
Al
producirse la Revolución de Mayo, las milicias existentes
en Buenos Aires ascendían a unas 3.500 plazas, de
las cuales sólo 400 hombres eran de artillería,
con un nivel de adiestramiento precario.
La
artillería contaba con cañones de bronce y
de hierro, con calibres que oscilaban entre 2 y 24 pulgadas, morteros
y obuses de bronce de entre 5 y 9 pulgadas, y culebrinas (armas
de cañón largo y reducido calibre).
En
enero de 1812, se reorganizó la artillería
a fin de eliminar la influencia de las unidades españolas
(Real Cuerpo de Artillería), por lo que se creó
el "Regimiento de Artillería de la Patria",
a doce compañías, cada una con 100 plazas.
La
misma disposición expresaba que "para formar oficiales
instruídos según conviene, se establecerá en
Buenos Aires una Academia o Escuela Teórica para oficiales,
cabos y soldados de artillería". En el mismo artículo
se determinaba que el Sargento Mayor se elegiría entre
los capitanes, por sus conocimientos para desempeñar ese
cargo.
La
plana mayor del regimiento estaba integrada por un coronel, un teniente
coronel, un sargento mayor y dos ayudantes mayores. Las compañías
(12), eran comandadas por un capitán.
Durante
el periodo emancipador, la escasez de armas constituyó un
problema central, teniendo en cuenta la ampliación de las
operaciones y las pérdidas sufridas durante los combates.
El
gobierno encomendó a Angel Monasterio (español
adherido a la revolución), la fundición de cañones.
En
1812 comenzaron los ensayos, utilizándose para ello un mortero
cónico de 12 pulgadas. Estas armas fueron emplazadas en Montevideo
para hacer frente al sitio de la plaza. Luego se fabricaron cañones
de calibre 8 y 12 pulgadas, destinados a los ejércitos libertadores.
Posteriormente,
el General Belgrano organizó, lo que se conocería
como "La Maestranza de la Patria" bajo la dirección
del Coronel Eduardo Kaillitz, barón de Holmberg,
quién comenzó por dibujar las formas, graduar las
proporciones y tornear los moldes de las armas a fundir.
Cuando
San Martín organizó el Ejército de
los Andes, el parque fue puesto a órdenes del Comandante
Regalado de la Plaza, y la maestranza a cargo del Capitán
Fray Luis Beltrán, quién organizó tanto
la fabricación, como la reparación de armas, instalando
y operando carpintería, armería, herrería,
fundición, laboratorios y talleres.
Entre
1820 y 1826, se creó el Ejército Nacional,
reforma que fue impulsada por los generales Martín Rodríguez
y Juan Gregorio de las Heras.
En
esa instancia, se organizó el Batallón de Artillería
de Buenos Aires y a partir de 1826, se creó un Regimiento
de Artillería Ligera o Volante, compuesto por dos escuadrones
a dos compañías. El decreto de creación invocaba
la necesidad de acompañar los movimientos de la caballería,
por lo cual la artillería volante o ligera era la equivalente
a lo que luego conoceremos como artillería a caballo, y que
cumplió acabadamente su cometido durante las guerras con
el Brasil y el Paraguay.
Frente
a la necesidad de proteger el dilatado litoral, la artillería
también cumplió roles de costa y/o sitio.
En
1811, se estableció una batería en San Nicolás
con cuatro cañones de 8 pulgadas.
En
1812, se hizo lo propio en las barrancas de Rosario.
En
1813 y 1814, se instalaron dos baterías en inmediaciones
de Diamante (Punta Gorda).
En
1827, se fortificó la isla Martín García,
llegándose a contar con más de 20 piezas.
En
1844, se debió fortificar la zona del Paraná
interior, ante la intervención anglo-francesa en el Río
de la Plata. Para ello, se construyeron baterías en el paso
de la Ramada, Vuelta de Obligado (San Pedro), El
Tonelero (Ramallo) y San Nicolás.
En
1875, ante la necesidad de aumentar la preparación táctica
de los oficiales de artillería, se crearon academias, a fin
de dictar temas tales como maniobras de artillería, teoría
del tiro, nociones del empleo del arma y fortificaciones.
1880
- 1900.
Período de la reorganización nacional
Entre
1879 y 1897, al mismo tiempo que concluía la Guerra del
Pacífico (1889-1893), se tensaron las relaciones con
Chile, ante lo cual, los gobiernos advirtieron la necesidad
de reorganizar el Ejército. En ese contexto, se crearon
las siguientes unidades del arma:
Regimiento
2 de Artillería Ligera (1879)
Regimiento 3 de Artillería Ligera (1890)
Regimiento 4, 5 y 6 de Artillería Ligera (1896)
Ante
la posibilidad de empleo en un ambiente geográfico con características
particulares se crearon:
Regimiento
1 de Artillería de Montaña (1892)
Regimiento 2 de Artillería de Montaña (1897)
A
su vez, en 1887, se creó la Escuela Normal de Tiro,
bajo la dependencia de la Inspección de Artillería.
Por
entonces, la defensa nacional estaba confiada a la Guardia Nacional
integrada por fuerzas provinciales y un bisoño Ejército
Nacional, dependiente del gobierno central y nutrido por milicias
designadas por sorteo y provenientes de la Capital Federal
y de territorios nacionales, y formado por unidades de Infantería,
Caballería, Artillería e Ingenieros,
carentes de regulaciones y normativas técnico profesionales,
a la vez que dotado de precario equipamiento.
Teniendo
en cuenta ese contexto, en 1895, se creó la División
de Artillería en el acantonamiento de instrucción
ubicado en Villa Mercedes (San Luis), y puesto bajo órdenes
del Grl Francisco Reynolds. Este hecho no fue casual, sino
sugerido por el Cnl Pablo Ricchieri, por entonces en Europa,
quien se hallaba al frente de la comisión de adquisición
de armamentos, y comprendía la necesidad de adiestrar, en
forma centralizada, a todo el personal del arma que debía
recibir y operar el material de reciente adquisición.
Empleo
táctico de la Artillería durante el siglo XIX
Durante
la marcha, las armas o grupos de armas se intercalaban en
la columna en forma fraccionada, para incrementar el alistamiento.
En consecuencia, la columna solía ser empeñada por
partes, subordinada a distintas fracciones.
Durante
el combate, operaba por piezas, grupos de piezas o baterías
emplazadas en terrenos dominantes, a fin de obtener vistas sobre
el enemigo. En la mayoría de los casos, la artillería
cumplía funciones de arma de acompañamiento.
El
tiro se efectuaba con puntería directa sobre la
tropa enemiga, con el objetivo a fin de inmovilizarla (aferramiento
por el fuego).
En
general, se evitaba el emplazamiento de las armas en el centro
del dispositivo, optándose por los flancos, con la
finalidad de explotar la ejecución de fuegos cruzados y disminuir
las posibilidades de producir bajas propias.
Desde
temprano y básicamente, en la artillería montada
(en apoyo de la Infantería), se priorizó la necesidad
e importancia de cooperar estrechamente con la maniobra.
Respecto
de la instrucción técnica, ésta se limitaba
al servicio de las armas y a la sistematización de la observación,
mediante el uso de anteojos de campaña y en situaciones estáticas.
Por ello, se realizaban desde construcciones precarias (mangrullos),
para ganar vistas sobre el enemigo.
Materiales
empleados a fin del siglo XIX en nuestro país
A
partir del año 1890, se fueron incorporando al ejército
los siguientes materiales:
Artillería
de Campaña (Montada y a Caballo)
Cañón
liviano de campaña 75 mm L 24 Modelo 1884 (Krupp)
Cañón pesado de campaña 75 mm L 27 Modelo
1880 (Krupp)
Cañón liviano de campaña 75 mm L 24 Modelo
1895 (Krupp)
Cañón pesado de campaña 75 mm L 28 Modelo
1898 (Krupp)
Cañón
de montaña 75 mm L 13 Modelo 1896 (Krupp)
Cañón de montaña 75 mm L 13 Modelo 1898 (Krupp)
Progresivo
reemplazo del cierre de cuña por el de tornillo a filetes
interrumpidos, lo que hacía menos frecuente el desculatamiento.
Munición
a cartucho metálico (vaina unida al proyectil).
Incorporación
del proyectil Sharpnel de acero con carga posterior, para darle
considerable velocidad a los balines.
Mayor
velocidad de tiro por reducción del retroceso, debido al
arado de contera.
Progresiva
incorporación de la biflecha, ampliándose los frentes
de ataque sin desplazar el arma.
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